Los escritores, poetas, cantores, pintores, escultores, artistas de la vida y la alegría, escultores de gritos y silencios, trabajadores de la cultura en general, latinoamericanos en Europa y ciudadanos del mundo, entendemos que la guerra es una fractura mortal en las sociedades que la padecen y que si bien son ellas mismas las que tienen el ineludible derecho de derrotarla, la solidaridad internacional es un gran soporte para aquellos incansables obreros de la paz que entienden que dentro de todo ser humano existen fuerzas telúricas e insospechadas para conquistar la verdadera naturaleza de la justicia en armonía con la coexistencia pacífica de la paz.
Durante los últimos 60 años, Colombia ha vivido bajo el azote de una guerra fratricida que hasta el momento arroja un saldo de 350 mil muertos, cinco millones de desplazados internos, otros tantos en el exilio, 60 mil desaparecidos y millares de presos políticos y perseguidos políticos. Desde el año 2014, el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, inició un dialogo con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en La Habana, Cuba, y en estos momentos se anuncia el inició de una mesa de conversaciones, en Quito, Ecuador, con el ELN, (Ejército de Liberación Nacional), para poner fin a la confrontación armada. Como nunca, se ha estado más cerca dela paz que en estos momentos, y el pueblo colombiano hace votos infinitos porque estos procesos pacificadores lleguen a cristalizarse.
La anhelada paz, sin embargo, se ve amenazada una vez por las oscuras fuerzas de la elite política y financiera, terratenientes y militares, quienes activaron en tiempos pasados un ejército de paramilitares que asolaron campos y ciudades del país con sus métodos de terror y muerte. Hoy, esas mismas fuerzas, ponen todo tipo de a los acuerdos paz y reconciliación de los actores armados y amenazan con reactivar sus ejércitos de terror que antaño, y hasta hoy, se ocuparon y ocupan de eliminar físicamente a líderes campesinos, luchadores sociales, defensores de los Derechos Humanos, sindicalistas, políticos progresistas, periodistas y luchadores por la justicia social en general.
Los trabajadores de la cultura nos unimos desde Europa con esos hombres y mujeres que quieren activar la fuerza de la vida, el poder de la libertad, la confianza y la seguridad de los colombianos como un solo pueblo. Con el poder de la palabra y la canción, le decimos a este pueblo valeroso que no están solos en el mundo. Que del viejo continente alzamos también las banderas de la paz, ponemos nuestros gritos y silencios, nuestras armas de la conciencia y la paz en favor de un cese y definitivo fin del conflicto armado y que por fin en los campos y ciudades de Colombia surja un nuevo jardín de vida y alegría.
Desde estos escenarios lanzamos una voz de repudio contra todo aquel que impida una paz justa y con justicia social. Entendemos que la paz no es la ausencia de conflictos sino el tratamiento de esos conflictos con otras formas de resolverlos sin el poder de las armas.
Desde aquí hacemos votos porque un acuerdo de paz con todos los actores armados sea posible y con ello se lleve a cabo la tan anhelada democratización de la riqueza y la política, la democratización de la tierra y las estructuras del ejército para convertirlo en un cuerpo de paz y deje de estar al servicio de los amantes de la guerra.
Desde aquí nos solidarizamos con todos los seres humanos que sufren las consecuencias inhumanas de la guerra: los refugiados sirios, iraquíes, afganos, y lanzamos nuestras voces por aquellos y aquellas discriminados en diferentes países del mundo por razón de sexo, religión, raza, nacionalidad o ideología. Queremos un mundo libre y ponemos a nuestros versos, nuestras esculturas, nuestras canciones y nuestro propio ser al servicio del ser humano en su esencia más pura.
Colombia merece la vida, la esperanza, la paz. Colombia merece este y todos los actos poéticos del mundo. Colombia necesita hoy más que nunca de la solidaridad internacional, de los soñadores con alma en tierra, de los guerreros de la palabra, de los magos de la alegría, de las mujeres y los hombres que quieren entender que la guerra “es un monstruo y pisa fuerte” y que después de tantos años la bestia telúrica del terror sea desterrada para siempre y el pueblo colombiano tenga por fin una segunda oportunidad sobre la tierra.

Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía (POETAP)

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