Antonio Ruiz Pascual
18 diciembre 2014



(De izqu. a dech.) A. Ruiz y Julián Fdez. García
Se nos jubila un compañero, un amigo, Julián Fernández García, profesor de lengua y literatura, llegó para él el dulce descanso del guerrero, echaremos de menos su profesionalidad y cordialidad, Julián siempre fue el profesor que pensó que la mejor manera de enseñar es desde la libertad, sin someterse a las normas y a los cuadriculados libros de texto, enseñar a pensar, sentir, vivir, no está impreso en ningún manual, el siempre educó desde el humanismo, fabricando las lecciones que mejor fueran para sus alumnos y añoro constantemente los dictados y las caligrafías que tan buen resultado dieron antaño, pero lo más importante y que destacaba de su figura era, que era un hombre fiel a la verdad, el Tito Juli como es llamado cariñosamente por sus alumnos, así aplicaba sus métodos de enseñanza y nadie como él para explicar la generación del 27 que lo hacía con rigor histórico, aunque siempre se le noto la admiración que sentía por el poeta Antonio Machado, esa misma actitud la llevo y la desarrollo en los cargos directivos donde fue un entrañable jefe de estudios, era digno de admirar como desarrollaba las sanciones y las normas de convivencia, tenía el don de aplicar el castigo, de hacérselo razonar al alumno y hasta de que no volvieran hacerlo, dejó un modelo de educación que no solo influyo en sus alumnos sino también entre sus compañeros, esto es lo que llamamos vocación y no la imparten en ninguna universidad, sus clases siempre se impartieron desde la pasión y el amor a la literatura, profesores así son los que quedan en la memoria y con el tiempo descubres que no solo te enseñaron materia, sino también valores y maneras de enfrentarse a la vida desde la verdad, la libertad y la cultura, hoy ligero de equipaje, desnudo como los hijos de la mar, se despidió de sus compañeros, alumnos y aulas, pero no es una despedida definitiva, seguro que lo veremos por el Victoria Kent dando alguna clase magistral por los pasillos, con sus carpetas llenas de versos, algunos dentro del alma anidando hacia el corazón o disfrutando de su compañía ante un buen café y una mejor plática en la cafetería de Yemima , aquí siempre tendrá su casa, su sitio, donde se hizo imprescindible, hombres así, sin miedo a la ternura, profesores así, de infinitas huellas, son de los que cuesta despedirse, sobre todo porque no lo haces, te quedas siempre con el hasta pronto, con el destino y la dignidad fuera de fracasos y desengaños, con la experiencia y los ojos bien abiertos hacia lo que viene retenido en algún adverbio como un adolescente despistado, entre la lucidez y el esfuerzo, y un poema perfecto entre la puesta de sol y una corrección gramatical donde ya no es posible repetir el curso. 

A JULIAN
Acróstico
Julián vio la luz de los amaneceres
Unificando pasos infantiles en Navas de san Antonio,
Letrado profesor de verbos infinitos,
Idealista divagando sueños,
Ave Fénix entre pizarra, tiza y tinta,
Nadador contra corriente en el perfil de la lírica,

Filántropo de heredadas palabras,
Emisario de la locura que revela la infancia,
Realizando cursos, pronunciando nombres en listados,
Nunca te quejaste del paso del tiempo en una mesa,
Abordando la risa compartida,
Narrando sin dioses ni plegarias,
Defendiendo lo constante y lo exacto,
Ejercicios ortográficos en fragmentos,
Zahorí que busca en la memoria,

Gestos que resisten los muros de la historia,
Alcanzando el alma suspensa en el aire,
Remendando la herida del que huye,
Contemplando el alto en el espejo, la pose repetida,
Inmortalizando, un vestigio de luz en cada grito,
Alcanzando al final todas las trampas que nos llevan al destino.


ANTONIO RUIZ PASCUAL
15 de Noviembre de 2014
 

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